Luis de Sola Semería 

XIX CONGRESO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE MEDICINA ANTIENVEJECIMIENTO Y LONGEVIDAD

Experiencia

El Dr. De Sola Semería se licenció en Medicina y Cirugía en Caracas (Venezuela), por la Universidad Central de Venezuela.
En España, ha realizado varias especializaciones:

– Master Universitario en Medicina Estética y Cosmética, Universidad Complutense de Madrid. Título obtenido con Matrícula de honor (2008).
– Experto Universitario en Medicina Antienvejecimiento, Universidad de Sevilla (2009)
– Magister avanzado en Medicina Estética y Antienvejecimiento. Universidad Complutense de Madrid. Premio al mejor trabajo final de la especialidad (2011).

Forma parte desde 2009 del equipo docente del Magíster en Medicina Estética y Antienvejecimiento de la Universidad Complutense de Madrid, en todas sus modalidades (presencial y online).

Ha desempeñado el cargo de médico especialista de producto y médico formador de productos inyectables para laboratorios Merz Pharma España.

Ha participado como médico formador en productos inyectables en varios países de Europa, Asia y América. Así como también ha participado como ponente en Congresos y Jornadas de Medicina Estética y Antiaging nacionales e internacionales.

Actualmente, además de compartir su tiempo como Médico Estético & Antiaging en consulta privada en Madrid y como Coordinador docente para la Universidad Complutense de Madrid, pertenece a la junta directiva de la Asociación de Medicina Estética de Madrid como vocal de Media & Comunicaciones y desde el 2021 ejerce como Director Médico de Laboratorios Sebbin.

Abstract

«El efecto selfie y la repercusión en la consulta de Medicina Estética»

Actualmente vivimos en una era de autoimágenes editadas y estándares de belleza en constante evolución. El advenimiento y la popularidad de las redes sociales basadas en imágenes han puesto programas de edición de fotos (como Photoshop® o Facetune®) y los filtros profesionales al alcance de todos. Con apenas unos pocos ajustes a cualquier programa de edición de fotos y podemos alcanzar suavizar la piel y hacer que los dientes se vean más blancos y los ojos y los labios más grandes. Es entonces después de compartir esta pieza fotográfica editada en cualquier red social que comenzaran a aparecer las interacciones de “Me Gusta” o comentarios para validar el trabajo iconográfico. Estos filtros y ediciones se han convertido en la norma, alterando la percepción de la belleza de las personas en todo el mundo1.

Anteriormente, la tecnología en programas de edición de fotografías estaba disponible solo para el mundo de las celebridades. Los modelos y actores pasaban por estos programas para lucir perfectos en revistas y anuncios, pero el público en general no tenía fácil acceso a métodos como esos para alterar su propia apariencia. En cambio, se les dejó idolatrar el estándar de belleza presente en los medios, aunque la mayoría estaba al tanto de la edición y las alteraciones que hicieran que las celebridades se vieran impecables. Hoy, a través de las RRSS y con aplicaciones como Instagram®, Snapchat® y Facetune®, ese mismo nivel de perfección es accesible a todo el mundo. Ahora, no son solo las celebridades las que propagan los estándares de belleza: es una compañera de clase, un compañero de trabajo o un amigo. La omnipresencia de estas imágenes filtradas puede afectar la propia autoestima, hacer que uno se sienta inadecuado por no verse de cierta manera ante el mundo real e incluso puede actuar como un desencadenante y conducir al trastorno dismórfico corporal (TDC)2.

El trastorno dismórfico corporal se traduce en una preocupación excesiva por un defecto percibido en la apariencia física, clasificado en el espectro obsesivo-compulsivo. El trastorno es más que una inseguridad o una falta de confianza. Las personas con TDC a menudo hacen todo lo posible para ocultar sus imperfecciones, se involucran en comportamientos repetitivos como pellizcarse la piel o arreglarse, y pueden visitar a dermatólogos o cirujanos plásticos con frecuencia, con la esperanza de cambiar su apariencia. Un estudio reciente3 analizó el efecto de las selfies editadas sobre la insatisfacción corporal entre la población millennial y centennial y descubrió que aquellas personas que manipulaban más sus fotos reportaron un mayor nivel de preocupación por sus cuerpos y una sobreestimación de su autoimagen, referida a la forma y al peso corporal. El estudio también sugirió que aquellos con una imagen corporal dismórfica pueden buscar las redes sociales como un medio para validar su atractivo. Finalmente, aquellos con un mayor nivel de participación en las redes sociales, incluidos aquellos que intentan activamente presentar una imagen específica de uno mismo o que analizan y comentan las fotos de otros, pueden tener un mayor nivel de insatisfacción corporal.

El deseo de someterse a procedimientos estéticos (quirúrgicos o no quirúrgicos) es un componente importante del TDC. Los pacientes suelen buscar estos procedimientos con la esperanza de verse mejor en las selfies y las redes sociales. Este fenómeno fue descrito por primera vez en 2017 como la “Dismorfia del Snapchat®”. Si anteriormente, los pacientes llevaban a la consulta imágenes de celebridades para emular sus atractivos rasgos, ahora; los mismos pacientes buscarán cualquier procedimiento estético para lucir como versiones filtradas de sí mismos, con labios más llenos, ojos más grandes o una nariz más delgada.

Los cirujanos plásticos identificaron por primera vez esta tendencia en la encuesta anual de 2017 de la Academia Americana de Cirugía Plástica y Reconstructiva Facial (AAFPRS)4. Los datos actuales muestran que el 55% de los cirujanos informa haber tenido en sus consultas pacientes que solicitaban cirugías estéticas para mejorar su apariencia en las selfies, frente al 42% en 2015. La encuesta también observó un aumento en la cantidad de pacientes que comparten su proceso quirúrgico y los resultados de sus intervenciones en las redes sociales. Además, el escrutinio excesivo de las autofotos también está cambiando las preocupaciones actuales de los pacientes; antes de la popularidad de las selfies, la queja más común de quienes buscaban una rinoplastia era la joroba del dorso de la nariz. Hoy en día, la asimetría nasal y facial es la preocupación de presentación más común. Junto con las rinoplastias, los trasplantes de cabello y los procedimientos quirúrgicos de párpados también son solicitudes populares para mejorar la apariencia de las selfies.

Estas cifras han ido en paulatino aumento como se han podido reportar en estadísticas anuales. Sin embargo, a partir del 2020 y debido a la pandemia covid y el post-confinamiento, nos hemos topado con un aumento sin igual y el desarrollo en paralelo de otro fenómeno: el “fenómeno dismórfico de Zoom” gracias al efecto hiper-consciente que ha tenido la interacción virtual por teleconferencias y el teletrabajo en la autoimagen. Esto elementos, junto con el hecho de disponer de una menor interacción social debido al confinamiento COVID o a las medidas de distanciamiento social y la posibilidad de teletrabajo y mayor tiempo de recuperación han potenciado, junto a los ya existentes “efecto selfie” o “dismorfia del Snapchat”, el aumento de procedimientos estéticos; mayoritariamente en la población millennial y centennial.

En tales casos, la opción de acción no es la cirugía, que no mejorará o incluso puede empeorar el TDC subyacente si está presente. El tratamiento típico consistiría en intervenciones psicológicas, como la terapia cognitivo-conductual, así como medicamentos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, a menudo en combinación. El tratamiento del trastorno también debe incluir un enfoque empático y sin prejuicios por parte del médico, y; si se decidiese a realizar el procedimiento estético demandado, debería hacerse bajo condiciones seguras de adecuada información, consentimiento y entendimiento de las expectativas del procedimiento.

El efecto selfie y otras tendencias derivadas del mundo digital 2.0 son fenómenos con el que muchos médicos dedicados a procedimientos de rejuvenecimiento estético tendremos que enfrentarnos y que pueden cobrar un matiz alarmante porque esas selfies filtradas a menudo presentan una mirada inalcanzable y están desdibujando la línea de la realidad y la fantasía para los pacientes. Solo desde una posición empática, sin prejuicios, pero con criterio médico y actitud realista podremos discernir entre un deseo cosmético a un trastorno mental subyacente.

En la siguiente ponencia definiremos los nuevos fenómenos sociales vinculados a las RRSS y el aumento de consumo de procedimientos estéticos por pacientes millennials y centennials. También se darán algunas recomendaciones y consejos de buenas prácticas de cara a enfrentar estas demandas en nuestras consultas.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
1) Brucculieri, J. Snapchat dysmorphia points to a troubling new trend in plastic surgery. Huffington Post. February 22, 2018. https://www.huffingtonpost.com/entry/snapchat-dysmorphia_us_5a8d8168e4b0273053a680f6.
2) Vashi, NA. Obsession with perfection: body dysmorphia. Clin Dermatol. 2016;34(6):788-791.PubMedGoogle ScholarCrossref.
3) McLean, SA, Paxton, SJ, Wertheim, EH, Masters, J. Photoshopping the selfie: self photo editing and photo investment are associated with body dissatisfaction in adolescent girls. Int J Eat Disord. 2015;48(8):1132-1140
4) American Association of Facial Plastic and Reconstructive Surgery (AAFPRS) Annual Survey on Cosmetic Procedures 2017, 2019 y 2020. https://www.aafprs.org/Media/Press_Releases/

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